RELIQUIAS A TUTIPLEN

por SAN SOBORNEZ

La cultura católica, al margen de las creencias de cada uno, es una fuente inagotable de sorprendentes rituales, costumbres y creencias que, como todos sabeis, se han ido configurando a base de leyendas que han corrido de boca en boca a lo largo de dos mil años, mezclándose con rituales, costumbres y creencias paganas, por lo que el resultado a fecha de hoy, Octubre de 1998, poco tiene que ver con lo que pasó realmente en el area de Oriente Medio entre los años 0 y 33 de nuestra era. Ésto, que a simple vista parece lo más obvio del mundo, no debe de serlo tanto cuando esta religión goza de tanta aceptación popular aún hoy día.
Por ello, y siempre desde el respeto, a un servidor le interesa sobremanera el folklore católico que, especialmente en España e Italia, goza de una riqueza y una complejidad literalmente sin límites.



...Y como no sólo me interesa sino que, modestamente, estoy bastante puesto en algunos temitas de éstos, hoy en concreto os voy a transmitir mi sabiduría en lo que concierne al macabro, pero no por ello menos apasionante, mundo de las reliquias.
Pero, atención, amigos: dado el carácter aparentemente fantástico o, cuando menos, fabuloso, de algunas de las teorías, hechos y objetos que vais a conocer a continuación y para que no creais que me lo he inventado, me gustaría hacer especial hincapié en la autenticidad y rigor de todo lo que aquí se cuenta. Pongo a Dios por testigo que la Iglesia Católica acepta como objetos de culto válidos todos y cada uno de los que aquí se citan (salvo las excepciones que se especifican) y si en algún momento dudais u os parece exagerado algo, no teneis más que analizar la bizarrez de algunos rituales de lo más cotidiano dentro del catolicismo, no solo tolerados sino alentados por la Santa Sede, como las cosas que se ven en las celebraciones de la Semana Santa o la utilización de los Ex-votos como vehículos de fé, que ya de por sí darían para más de un artículo.

Son las reliquias objetos expuestos en lugares y templos para su veneración por parte de los fieles, y generalmente se trata de alguna porción de la anatomía de algun Santo a la que se atribuyen cualidades milagrosas, como mínimo su incorruptibilidad y, en ocasiones, virtudes realmente sobrenaturales.
Por si todavía no habéis entendido el concepto, os diré que son reliquias objetos mundialmente famosos, como la polémica Sábana Santa de Turín, la Sangre de San Pantaleón o el Brazo Incorrupto de Santa Teresa, que más tarde veremos porqué son más famosos que otros.
...Pero no os vayais a creer que en todo el mundo hay cuatro reliquias mal contadas. ¡Qué va! En cualquier monasterio, iglesia o congregación religiosa de tres al cuarto que date como mínimo de principios de este siglo, das una patada y te salen al menos media docena de restos sacros en perfecto estado de conservación, algunos de ellos realmente espectaculares. Lo más sorprendente es que, en ocasiones, exactamente el mismo objeto se repite en distintos puntos del orbe católico. Un ejemplo: más de 60 dedos de San Juan Bautista están depositados en diversas iglesias y conventos, aunque las Escrituras no hablan de anomalías congénitas en las manos de este Santo. Tampoco habla el Evangelio de malformaciones físicas en Cristo, y sin embargo se han venerado, que sepamos, al menos hasta quince prepucios. De la misma manera, existen varios cordones umbilicales del niño Jesús: en Santa María del Popolo en Roma, en San Martino, y uno más (actualmente desaparecido) en Chalons. Raro es, viendo como está la cosa, que no se venere la calavera del Niño Jesús en algún pueblo, y la del Cristo adulto en otro.

Es muy probable que en la típica iglesia importante de vuestra localidad podais visitar alguna sala habilitada como relicario, y podais conocer la milagrosa historia de cómo llegaron allí las más variopintas extremidades sagradas. Sí, amigos, no exagero: la religión católica es así.
Si por ejemplo pasais por Oviedo, tendreis la oportunidad de visitar su Catedral que, a pesar de sus pequeñas dimensiones, es un edificio de gran elegancia, que encierra curiosos detalles. La parte más interesante es la Cámara Santa, que, según dicen, contiene tantas reliquias como las demás iglesias de España reunidas. Para que sepais la bonita historia de cómo esas maravillas fueron a parar a este Centro de Santidad, y qué riquezas componen semejante tesoro, transcribimos la nota impresa que se vende en la iglesia con el sello del Obispado y que lleva por título: "Breve sumario de las Santas Reliquias que en la Cámara Santa de Oviedo se veneran":

«A todos y a cada uno de los fieles cristianos que vean las presentes letras hacemos saber: Que Dios Nuestro Señor, por su admirable poder, transportó una cierta arca hecha de una madera incorruptible por los discípulos de los Santos Apóstoles, de la Ciudad Santa de Jerusalén a Africa, de Africa a Cartagena en España, de Cartagena a Sevilla, de Sevilla a Toledo, de Toledo al Monte Sacro en las Asturias y de allí a esta Santa Iglesia del San Salvador de Oviedo, donde fue abierta el arca. Los fieles encontraron entonces un gran número de cofrecillos de oro, de plata, de marfil y de coral, que abrieron con gran veneración. Y vieron atados a cada reliquia ciertos diplomas que indicaban claramente su procedencia. Encontraron:
- la mayor parte del paño con el que Cristo, nuestro Redentor, fue enterrado en el sepulcro, así como su precioso sudario, teñido con su santísima sangre;
- gran parte de la Verdadera Cruz;
- ocho espinas de su sagrada corona;
- un trozo de la caña que los judíos le pusieron en sus manos a guisa de cetro;
- un trozo de su túnica;
- un fragmento de su tumba;
- un jirón de los pañales que le cubrían en el pesebre;
- pan de la Santa Cena;
- maná que Dios hizo llover para los hijos de Israel;
- una imagen de Cristo en la Cruz, una de las tres que Nicodemo hizo a su semejanza;
- un gran trozo de la piel de San Bartolomé, apóstol;
- la casulla que la reina de los Cielos dio a San Ildefonso, arzobispo de Toledo;
- leche de la misma Madre de Dios;
- cabellos suyos y una parte de sus vestiduras;
- uno de los treinta denarios que recibió Judas cuando vendió a Nuestro Señor Jesucristo;
- algo de tierra que el Redentor holló con sus pies antes de subir a los Cielos y cuando resucitó a Lázaro;
- un fragmento de la capa del profeta Elías;
- de la frente y de los cabellos de San Juan Bautista;
- cabellos con los que la bienaventurada Magdalena secó los pies de Cristo;
- una de las ramas de olivo que tenía Cristo en las manos cuando entró en Jerusalén;
- un trozo de la piedra en la que se sentó Moisés cuando ayunó en el Sinaí;
- un trozo de la varita con que el mismo Moisés separó las aguas del mar Rojo;
- un trozo del pescado asado y del pastel de miel que Nuestro Señor comió con sus discípulos cuando se les apareció después de su resurrección;
- la sandalia del pie derecho del apóstol San Pedro y parte de la cadena de su prisión;
- un cuchillo de la rueda con la que fue martirizada Santa Catalina;
- la escarcela de San Pedro y la de San Andrés;
reliquias de los santos profetas, mártires, confesores y Vírgenes se guardan aquí y hay tal número de ellas que sólo Dios lo sabe.
Tales son los dones concedidos a esta iglesia por misericordia divina, fortificando la religión cristiana y librándonos de la esclavitud de los sarracenos. En testimonio de lo cual, nos, Deán y Capítulo de la Santa Iglesia de Oviedo, hemos hecho extender y extendemos las presentes.»


Vamos, la pera. Un tesoro sin parangón que haría feliz a un Indiana Jones cualquiera. Observad que, casualmente, el inventario incluye "el paño con el que Cristo, nuestro Redentor, fue enterrado en el sepulcro, así como su precioso sudario, teñido con su santísima sangre", o sea que, carbono 14 y análisis espectrográficos aparte, o esta sábana o la de Turín no puede ser auténtica.

Reliquias varias
Ya que hemos cogido carrerilla y antes de pasar a contar los hechos individuales que circundan a las reliquias más veneradas que están en la mente de todos, os presentamos un catálogo aleatorio de algunas de las más curiosas.
Así nos encontramos con restos humanos, como en la iglesia de San Pantaleone, donde se venera el brazo, el hígado, el corazón y la lengua de Santa María Virgen. En Sanguesa (España) se veneran dos pelos, uno de María Santísima y otro de María Magdalena. Una muestra de la sangre de Cristo esta depositada en Venecia. Una oreja de San Pedro esta en la Abadía de Cleirac, y otra de San Leonardo en Porto Mauricio. La mandíbula de San Mateo reposa en el Sancta Sanctorum de Roma.

Otras reliquias se refieren a alimentos relacionados con el Hijo de Dios y tenemos: la leche de Santa María Virgen, en la catedral de Oviedo y en Santa María del Popolo en Roma; lentejas y pan sobrantes de la Última Cena en el Sancta Sanctorum de Roma. Se sabe que en la antigüedad se veneraron raspas de los peces multiplicados por Jesús.
Prestos a la adoración, están expuestos algunos objetos personales relacionados con la Santa Figura: en el Vaticano hay una sandalia de Jesucristo; en la catedral de Valencia, el cáliz de la Última Cena; una de las 30 monedas por las que Judas vendió al Maestro esta fundida en la campana de la catedral de Velilla del Ebro.

Uno de los múltiples cuchillos con el que Cristo fue circuncidado se encuentra en el Museo de Prehistoria Contemporánea en Roma. La toalla con la que Jesús enjuago los pies de los Apóstoles puede visitarse en la catedral de Valencia. El mantel de la Última Cena esta en la iglesia de Coria. Por cierto, en relación con la Última Cena, existen al menos dos mesas, una en la archibasílica de Roma y otra en la catedral de Sevilla. Tanto la basílica valenciana como la iglesia Santa María de Arriaga en Valladolid, son propietarias cada una de un manto de Jesús. Los pañales de Nuestro Señor Jesucristo están custodiados por los Servitas de San Marcelo en Roma.
Propiedad privada de los Reyes de España, y depositada en la iglesia de Santa María la Mayor, hay una paja del pesebre de Belén. La catedral de Valencia, muy rica ella en reliquias, se muestra muy orgullosa de poder enseñar el vestido púrpura que, por lo visto, regalo Herodes a Cristo.
La Virgen María, al parecer sentía una cierta debilidad por los velos, a tenor de los que pueden verse en San Pedro de Roma, en la catedral de Jaén y, cómo no, otro más en Sanguesa.
Para no cansar al lector con esta interminable lista, me referiré para terminar a las reliquias más curiosas y que por sí mismas no necesitan mayor comentario. Son las que siguen:
Los 28 escalones de la casa de Poncio Pilatos, que se encuentran en un palacio en Roma. Lágrimas de Santa María, veneradas en Vendemos. La lanza que hirió el costado de Cristo, en San Pedro de Roma (según algunas fuentes, claro, pues según el estudioso Trevor Ravenscroft y como vimos en el Mondo Brutto nº16, el mágico palitroque descansa en la Casa del Tesoro Hofburg, de Viena, tras estar algún tiempo en poder del mismísimo Hitler). Espinas de la corona, cinco en la catedral de Oviedo y cuatro en la de Sevilla. La cola del asno que llevo a Jesús, en el Museo de Prehistoria Contemporánea. En Liria hay nada menos que plumas de los ángeles Gabriel y Miguel.

Quizá la reliquia mas extraordinaria sea el suspiro de San José, que se encuentra en una botella depositada por un ángel en una iglesia cercana a Blois y conservada ahora en el Sancta Santorum del Vaticano. Aunque es posible que algunos consideren aun más portentoso el estornudo del Espíritu Santo que, guardado también en una botella que se veneraba en la Iglesia de San Frontino, hoy está también en el Sancta Sanctorum. ¿Quién dijo que los espíritus no se resfriaban?

Algún que otro Santo Medieval.
Sin más dilación vamos a conocer con detalle la historia individual de algunas reliquias concretas. Antes de pasar a mayores, veremos el origen y las historias que rodean a algunos santos menores. Hasta ahora hemos hablado de grandes figurones de los textos sagrados, pero existen, reconocidos por la Iglesia, miles de Santos, la mayor parte de los cuales vivieron entre el año 200 y el 1400 de nuestra era y que figuran en un maravilloso compendio realizado por el hagiógrafo Santiago de la Vorágine (1230-1298), titulado "La Leyenda Dorada". Este libro y este personaje de la Alta Edad Media muy pronto se harán populares entre los lectores de Mondo Brutto, ya que son fuente inagotable de sabiduria sacra de lo más bizarro. En lineas generales, lo que este escritor, referencia incuestionable del catolicismo, hizo en el siglo XIII, fue glosar la vida de todos y cada uno de los santos y mártires conocidos hasta esa fecha. Digamos que se trata de un "Novísimo Testamento", y está narrado en un tono absolutamente fabuloso y con los elementos típicos de la literatura medieval: milagros a tutiplén, dragones por aquí, sacrificios de 100.000 vírgenes por allá, tormentos fuera de serie a los que los mártires resisten impasibles.... Fue el libro más leido de la Edad Media despues de la Biblia, y se puede encontrar en cualquier librería especializada y desde aquí os lo recomiendo, pues es amenísimo.
Pues lo que os decía: que si bien las reliquias más guapas son las de los grandes protagonistas de las Escrituras, las pertenecientes a estos Santos, tan santos como los otros pero eternos secundarios de la Historia Sagrada, son las que más abundan y sus historias, gracias a la excelente, ejem, investigación del señor De La Vorágine, son bastante simpáticas.
Ahí tenemos el caso de Santa Apolonia, sin ir más lejos.
Contrariamente a las representaciones y a las esculturas que nos la describen, Santa Apolonia, martirizada a finales del año 248 d.C. en Alejandría, no era una bella joven de rostro angelical, provista de una hermosa cabellera, sino una mujer de edad avanzada con los dientes débiles. Como ella no quisiera abjurar de su fe cristiana, sus verdugos «golpearon sus mandíbulas e hicieron saltar sus dientes». Como ella persistía y se negaba a pronunciar las palabras de reniego, cosa habitual entre los mártires y causa de su perdición, se precipitó a las llamas, y desde entonces, le fue reconocido el poder de curar no solamente el dolor de muelas, sino también las debilidades del alma.
Ella no ha aparecido en la liturgia hasta su inclusión en "La Leyenda Dorada" en el siglo XIII. A partir de entonces fueron exhibidas en toda Europa reliquias, sobre todo mandíbulas y dientes. El papa Pío VI quedó asombrado por el insólito número de restos conservados en las iglesias italianas. Éste los hizo buscar y reunir y entonces comprobó con sorpresa que un gran jarrón estaba lleno en sus tres cuartas partes de varias mandíbulas y de un número importante de dientes pertenecientes a la Santa. Para evitar toda rivalidad y toda superstición, ordenó guardarlo todo en el Tibro. Santa Apolonia pasó a ser entonces la patrona de los dentistas (verídico). Hay que puntualizar que, de hecho, a las reliquias que se conservan hoy día diseminadas mundialmente, se les suele poder seguir la pista fácilmente hasta la Edad Media, independientemente de que sea cierto o no que perteneciesen a quien se asegura. Aquellas cuya procedencia se cifra en fechas anteriores, lo más probable es que sean falsas y que sean producto del boom relicario del medioevo.
Ya que estábamos hablando de los dientes, contaremos que una fiesta en Ceylan, la Aperahera, de más de dos mil años de antigüedad, se celebra cada año durante diez días y diez noches. Las Procesiones están organizadas con ostentación en honor del diente de Buda, reliquia sagrada conservada en Kandy en el célebre Templo del Diente.
Casos como el de Santa Apolonia están a la orden del día en "La Leyenda Dorada", pero vamos a dejar de lado éste libro y las peripecias que narra para meternos de lleno en lo que se refiere a las reliquias en cuestión. La cosa empieza a tomar un cariz espectacular con el caso de San Nicolas de Tolentino, por lo peculiar de la misma.
Nació en Santangelo (Italia) en 1245 y murió en Tolentino (Italia) el 10 de septiembre de 1305. Por su gran amor y piedad a las almas del purgatorio que le pedían constantemente su intercesión... fue declarado "Abogado de las Benditas Almas".
A pesar de haber transcurrido varios siglos de su muerte, su cuerpo permanece aún incorrupto (sin pudrirse, vamos) y a veces derrama sangre. Ocurre este extraordinario prodigio cuando va a suceder alguna calamidad en la Iglesia. Por tal motivo el Papa Alejandro VII lo declaró Patrono de la Iglesia Universa, y Benedicto XIV llamó a estos derramamientos "sangre profética".
La autentica reliquia de este santo que se venera en la iglesia de San Nicolás en Barranquilla, consiste en un pañito empapado precisamente de su sangre prodigiosa. Su fiesta es el 10 de septiembre.
Llegados a este punto y sin más preámbulos, conozcamos el caso de una de las reliquias por excelencia, perteneciente a otro santo medieval y que por su particularidad merece un capítulo aparte:

La Sangre De San Pantaleón
El prodigioso caso de ésta reliquia es ya tradición en la ciudad de Madrid. Una porción de la sangre de éste santo se guarda y venera en el Monasterio de La Encarnación de Madrid, junto al Palacio de Oriente, en una ampolla pequeña y ovalada que se conserva todo el año en el interior de una pirámide de cristal en el relicario de éste monasterio. La sagrada hemoglobina es la pieza más característica y popular de las reunidas a lo largo de varios siglos en este convento, gracias a las donaciones de otros congregaciones aficionadas a éste singular coleccionismo. Para hacerse una idea más o menos aproximada de la riqueza imponderable del conjunto, baste con señalar algunos de los objetos que la constituyen: cuarenta y nueve medios cuerpos de santos, ocho brazos de diferentes mártires, pontífices, confesores y vírgenes, treinta y tres cabezas de santos, ocho urnas con ocho cuerpos de bienaventurados, una pierna de Santa Margarita, parte de la espalda de Santo Tomás de Villanueva, un brazo de Santa Isabel, reina de Hungría, un Lignum Crucis con partes de los dos clavos y de la caña con la que dieron de beber a Jesús, y cuarenta reliquias, en cofres de plata y marfil, de varios santos. Todas estas piezas están al alcance de vuestros ojos, pues durante los miércoles de todo el año, y creo recordar que de forma gratuita, hay visitas guiadas de el Monasterio que concluyen en la sala de las reliquias, si bien éstas están guardadas cada una en su estuche y solo se ve alguna que otra calavera expuesta en las vitrinas. Pero la gracia, como hemos dicho, está en ver el prodigio que obra sólo una vez al año, en que el contenido de la redoma, normalmente coagulada y con una apariencia seca y negruzca, empieza a desleirse poco a poco el día 26 de Julio, víspera de la festividad del Santo, para tornarse ya completamente líquida el día de autos. Al día siguiente vuelve a coagularse. Éste fenómeno se repite desde hace centurias, y no se produce ya en el relicario, sino que el párroco del convento saca la ampolla a la iglesia del complejo religioso para que los miles de feligreses que acuden en masa anualmente den fé del evento. Hasta hace muy poco, el sacerdote dejaba que los fieles se acercasen a besar la reliquia, pero en 1993 se le cayó al suelo a un seminarista nervioso y debido al deterioro que ésta sufrió, desde entonces se pasa de boca en boca una teka -así se llaman los recipientes de las reliquias- conteniendo un huesecillo del mismo santo. Sólo en una ocasión, en el año 1979 la sangre, pasada la festividad no volvió a su solidez inmediatamente y permaneció líquida y rubicunda hasta Noviembre de 1980, causando gran conmoción. Para Fernando Hernández, jefe de Hematología del Hospital de La Paz, la licuación de la sangre de San Pantaleón "es un fenómeno inexplicable y científicamente imposible, ya que si eso fuera sangre se habría corrompido". El padre Eugenio Ayape, custodio de la reliquia y autor de un librito sobre el tema, argumenta que ésta no puede analizarse porque habría que sacarla de la ampolla y peligraría la integridad de las propiedades maravillosas de su contenido, pero según el Dr. Hernández existe una prueba, la espectroscopia, que puede realizarse sin sacarla de su recipiente y que permitiría, con un margen de error del 30 %, determinar si el contenido de la teka es sangre. El Padre Ayape se resiste a dejarla en manos de la ciencia.
Por cierto y como dato anecdótico, el tal San Pantaleón nació en Nicomedia, en la actual Turquía, fue médico, hijo del senador romano Eustorgio, pagano para más señas, y de Eucuba, piadosa cristiana. Murió martirizado el 27 de Julio del año 305, despedazado en público con garfios de hierro. Existe documentación sobre la licuación de su sangre desde 1120. Acordaos el año próximo y acudid en masa al lugar de los hechos.

El Brazo Incorrupto De Santa Teresa
Hemos visto que hay multitud de porciones humanas en las macabras colecciones de cualquier convento, pero ¿os habéis parado a pensar cómo llega a parar a uno de estos lugares una oreja, un riñón o el intestino de un santo y no el cuerpo entero, o que en Finisterre esté una mano y en Benidorm un omóplato pertenecientes al mismo santo? La única explicación válida es el descuartizamiento y posterior reparto del susodicho. El culto a la santidad promovido por la Iglesia en sus mejores tiempos dió lugar a que los restos de los santos se transformasen en una suerte de talismanes de la cristiandad que eran repartidos entre las comunidades que declaraban su devoción por el difunto. ¿Os parece exagerado? Pues eso es ni más ni menos lo que le sucedió con el cuerpo (incorrupto, claro) de Santa Teresa de Jesús, tan sólo tres años después de su muerte. Como las monjas de Alba de Tormes y las Carmelitas de Ávila no se ponían de acuerdo sobre a quién correspondía guardar el venerado cadaver, se decidió que se le cortase un brazo para que las carmelitas se quedasen con su parte. Y ahí no acaba la historia del troceado: en 1691 se inició el proceso de canonización y sus restos fueron desenterrados para proceder a su exhumación. Según los testigos, el cuerpo aparecía "fresco y perfumado" por lo que decidieron separarle el corazón para conservarlo también de recuerdo. ¡Qué bestias!,
Pero la mundialmente famosa popularidad del brazo en cuestión se inicia cuando, durante la Guerra Civil, el brazo desaparece de Ávíla, posiblemente con el fin de protegerlo de los bolcheviques y queda en paradero desconocido hasta que el mismísimo Franco lo encuentra en un monasterio de Ronda. Desde entonces lo covierte en su mascota y le sirve de amuleto durante toda la contienda y a lo largo de su mandato, acompañándose de él en todos sus desplazamientos.
Es muy curiosa la anécdota de la ocasión en que su hija Carmencita viajó a los EEUU y tuvo la feliz ocurrencia de portar el brazo con ella. Los funcionarios de aduanas yanquis no entendían muy bien qué era exactamente eso que pretendía introducir en el país, y como los brazos no estaban catalogados como objetos declarables, certificaron la extremidad como "embutido" .
Aquí en la foto de al lado se ve el brazo de la discordia. Es esa cosa en forma de "V". A nosotros también nos gustaría ver lo que hay dentro del envoltorio pero me temo que no va a ser posible. Lo mismo esta vacío...

Santa Evita
Bueno, Eva Perón todavía no ha sido elevada a los altares, si bien cuenta con una legión de seguidores que están haciendo todo lo posible por canonizarla y que ya han emitido las correspondientes peticiones a la Santa Sede, pero la verdad es que las peripecias que ha protagonizado su cuerpo (embalsamado esta vez, no incorrupto) y el fanatismo cuasirreligioso que despierta entre sus fieles, la hacen merecedora de un comentario en éstas páginas.
Por ahí por Sudamérica parecen especialmente proclives al culto hacia las reliquias, no sólo ya de santos sino de cualquier líder que se precie. No vamos aquí a glosar la vida de tan insigne dama sino su muerte, que es mucho más animada.
Cuando el desesperado Perón trae a un embalsamador al lecho de muerte de su esposa, empieza el fantástico mito de Eva. Evita era un símbolo de los 'descamisados', quienes la adoraban, y si los peronistas se apoderaban del cuerpo, liderarían las masas, pero los anti-peronistas buscaban destruirlo, todo lo cual significaba más problemas para los militares, o sea, que todo el mundo quería hacerse con el cuerpo. Como veis, esto parece el argumento de alguna comedia de Hollywood.
Partiendo de este hecho, se inician las increíbles, 'peripatéticas y rocambolescas' según Vargas Llosa, aventuras del cuerpo de Eva. Primero fue guardado en el edificio de la Confederación General de Trabajadores, donde decenas de miles de admiradores hacen vigilias, y le tributan flores y dulces. En ese momento cae Perón y los militares confiscan el cuerpo, mientras planean guardarlo en un edificio de obras sanitarias, adonde jamás llega. Luego es mantenido en una ambulancia, para después llegar a la parte posterior de la pantalla de un cine, donde estuvo por tres meses, A partir de ese momento, el cuerpo, que había pasado por múltiples cambios de ataúd, es llevado a unos depósitos militares. Pero después va a parar al ático de la casa de un mayor, quien accidentalmente asesina a su esposa cuando ésta husmeaba en la enorme caja escondida bajo un montón de papeles. Seguidamente, el cuerpo llega a la oficina del coronel Carlos Eugenio de Moori Koenig, encargado de esconderla para siempre jamás. Luego de un fallido intento de llevarla al sur del país, es embarcada hacia Italia, donde la inhuman bajo un nombre falso. En 1971 el gobierno argentino devuelve a Perón los restos de Eva, y éste la lleva a su casa de Madrid, donde le construye un altar. En 1974, luego de la elección de Perón como presidente, los montoneros robaron el ataúd del general Pedro Eugenio Aramburu (nada que ver con el joven diseñador, que nosotros sepamos), uno de los líderes militares que derrocó a Perón en 1955, y demandaron el cuerpo de Evita a cambio. No tuvieron éxito y devolvieron el ataúd del general a su tumba. Pero no sería sino hasta 1976 cuando la tercera esposa de Perón, Isabel, a la sazón presidenta de la república, traiga de vuelta a Argentina el cuerpo de Eva. Éste permanece en la residencia presidencial hasta que los militares derrocan a Isabel en septiembre del 76 y entierran el cuerpo, bajo varias toneladas de cemento y acero, en el cementerio Recoleta de Buenos Aires. La gran ironía del destino es que Evita no descansa con sus 'descamisados', sino entre los muertos de la oligarquía, los que más despreció en vida, y cerca del general Aramburu, quien desempeñó un rol clave en el largo peregrinar de su embalsamado cuerpo.

El Culto al Prepucio de Cristo
No, esto no va de coña. No sólo es completamente en serio sino que se trata de una de las historias con más chicha en lo que se refiere a lo relacionado con las reliquias y a la historia de la cristiandad, y por ello la hemos dejado para el final. Agarraos al asiento y poned atención porque la historia es un tanto compleja.
Para empezar, existe una sociedad que se hace llamar Academia Preputológica cuyo objetivo es la restauración del extinto culto al Prepucio de Cristo, y gracias a una labor de investigación sin precedentes y a nuestros contactos con las más altas esferas, han caido en nuestras manos las actas de un cónclave celebrado el 15 de Mayo de 1954 entre autoridades eclesiásticas de primer orden que debaten la restauración o no de dicho culto. Todo el documento en sí, no tiene desperdicio, pero en líneas generales lo que cuenta es lo que sigue.
El cónclave en cuestión fue concertado por una petición de un religioso francés de la Compañía de Jesús, quien deseaba recuperar la tradición de veneración a esta reliquia y para ello se pedía la revocación de un decreto de 1900, por el que se prohibía hablar y escribir de esta reliquia, guardada en la Iglesia de los Santos Cornelio y Cipriano de Calcata , en el Lacio.
Si bien la circuncisión de Jesucristo está relatada en el evangelio de San Lucas, es decir, figura en la Biblia "oficial" católica, la conservación del Santo Prepucio solo figura en el Evangelio de la Infancia, que se considera apócrifo y no se incluye en la Biblia que teneis en casa. ...Porque no se si teneis idea de que los diferentes libros que componen las Sagradas Escrituras fueron en su día seleccionados siguiendo ciertos criterios un poco discutibles, con el ánimo de dar a todo el volumen cierta unidad y lógica, pero existen numerosos escritos, algunos contemporáneos de los "oficiales", que se consideran apócrifos por establecer contradicciones o paradojas respecto al argumento que todos conoceis. Y, atención, porque no hablo de documentos fantásticos a lo J.J. Benítez ni de literatura esotérica, sino a libros más o menos al alcance de cualquiera que se interese por el tema. Lo que pasa es que por inercia y comodidad la Iglesia rechaza e ignora estos documentos ya que supondría reordenar la Historia Sagrada, tener que dar explicaciones a millones de personas... aparte de que la comparación de distintas versiones de los mismos hechos nos presentaría una visión más crítica del cristianismo. Vamos, que es más rentable no remover el asunto. El tema da para mucho. Para tanto que, si el presente artículo goza de vuestra aceptación quizás más adelante hagamos uno sobre todos éstos temas.
Bueno, a lo que íbamos. En el Evangelio "paralelo" Jesucristo fue circunciso según la ley, al octavo día de su nacimiento. La vieja judía que practicó la operación guardó el Santo Prepucio y lo puso en un vaso de alabastro, lleno de aceite de nardo. Tenía un hijo dedicado al comercio de perfumes y no se le ocurre más que darle el vaso. Es normal, la verdad, que pese a advertirle : «Guárdate de vender ese vaso lleno de nardo, aunque te ofrezcan por él trescientos dineros.» , el hijo lo vendiera, nada más y nada menos que a Santa María Magdalena (¡qué pequeño es el mundo, y las vueltas que da la vida!), quien vertió el nardo sobre los sagrados pies de Jesucristo y los secó con sus cabellos.
Aquí se detiene, en el Evangelio de la Infancia, la alusión al Santo Prepucio. Nada dice de lo que fue de él en las manos de María Magdalena.
Al hacer mención de este relato en el cónclave, uno de los "fiscales", Monseñor Graneris argumenta que qué narices les están contando, si ese relato se considera "legendario" pues la Iglesia no da validez a ese evangelio, a lo cual, el padre Vaccari, otro ponente, advierte muy acertadamente, que no hay que olvidar que este evangelio ha sido la fuente, no solamente de una buena parte del arte sagrado de la Edad Media, sino también de diversos cultos, y que la palabra leyenda empleada por Monseñor debe ser sopesada.
El culto del Santo Prepucio tuvo, en efecto, tanta difusión que, a comienzos del siglo XVI se contaban catorce, distribuidos en diferentes países: nueve en Francia, uno en Metz, Lorena; uno en Hildesheim, Prusia; uno en Amberes, Bélgica; uno en Santiago de Compostela, España; y uno en Roma, en San Juan de Letrán, el mismo que está hoy en Calcata. El museo del Louvre posee dos cuadros de la Circuncisión, que formaban parte de las colecciones del rey Luis XIV. La Iglesia de Jesús, en Roma, está dedicada al misterio de la Circuncisión, en la que se impuso el nombre de Jesús a N.S. Jesucristo, y que hay un cuadro de este misterio sobre su altar mayor. O sea, que los precedentes en materia preputológica demuestran que hay una importante tradición sobre el tema.
Respecto al cuchillo de la circuncisión, se sabe que existieron dos, uno en Compiègne, Francia, y otro en Maestricht, Holanda. Existía en Roma, en la iglesia de Santiago del Burgo, la piedra sobre la que cayó el Santo Prepucio en el momento de la Circuncisión. Se afirmaba que esta piedra había sido traída por la emperatriz Elena, con la no menos venerable sobre la que Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac. Santa Elena había tenido la intención de depositar las dos piedras en la basílica vaticana, pero, poco antes de llegar a ella, sus caballos se encabritaron y no quisieron ir más lejos. Fue allí donde se levantó la iglesia de Santiago del Burgo y quedaron las piedras. Por desgracia, parece que las piedras desaparecieron con esta iglesia. La piedra de Abraham fue trasladada a Santa María de Minerva, iglesia donde ya se conservaban las cenizas de ese patriarca. Esas cenizas por lo menos están allí todavía, aunque no sean mostradas generalmente al público.
Hay otras partes del Santo Cuerpo de Jesucristo que han quedado en la tierra: la Santa Sangre de Mantua y Brujas, el Santo Cordón Umbilical o Santo Ombligo de Santa María del Pueblo en Roma y de San Martín en Luca, donde forma parte de las reliquias del Santo Rostro, y, en diversas iglesias, mechones de los Santos Cabellos, pelos de la Santa Barba, un Santo Diente, una Santa Lágrima y recortaduras de las Santas Uñas.
En Santa María del Pueblo, ha sido retirado el Santo Ombligo, por no estar apoyado por textos probatorios, ya que, según el canon 1281, párrafo 2, no debe ser reconocida reliquia insigne más que la parte que haya padecido el martirio, siempre que «esté entera y no sea pequeña», o bien la cabeza, el corazón, la lengua, la mano, el brazo o el antebrazo, la pierna o, según el decreto de la Sacra Congregación de Ritos del 27 de junio de 1899, la rodilla. Sin embargo, una oreja de San Leonardo de Puerto Mauricio ha sido proclamada por indulto reliquia insigne.
Como veis, el surrealismo de todo esto es galopante.
En la Edad Media surgieron disputas entre las abadías y colegiatas que poseían un Santo Prepucio, pues cada una de ellas aseguraba que el suyo era el verdadero. Inocencio III, al que se pidió que decidiera la discusión, contestó que sería ello temerario y que tan grande problema debía ser dejado al conocimiento de Dios. Al amparo de esta respuesta, que parecía dar la razón a todo el mundo, los catorce Santos Prepucios siguieron su carrera. Sin embargo, a mediados del siglo siguiente se produjo, afortunadamente, una intervención decisiva, nada más y nada menos que de la bienaventurada Virgen María que dirimiría la cuestión. Habló María a Santa Brígida, quien nos transmite las palabras en el libro VI, capítulo 112, de sus Revelaciones. En resumidas cuentas lo que le dijo es que el prepucio-prepucio es el que había por la parte de Roma.
Fue el texto de esta ilustre santa, canonizada desde 1390, el que estableció de una manera definitiva la autenticidad del Santo Prepucio romano y justificó el culto que se le rendía.
El Santo Prepucio de la basílica de Charroux, diócesis de Poitiers, es el único de sus compatriotas que ha sobrevivido. Se decía que había sido entregado por un ángel a la emperatriz Irene, que a su vez lo había dado a Carlomagno como regalo de esponsales. Según otra versión había sido entregado directamente a Carlomagno por Azán, prefecto de Jerusalén. El caso es que llegó a las manos del emperador que lo instaló con gran pompa en la catedral de Aquisgrán, de donde su nieto Carlos el Calvo lo llevó a Francia. Según ciertos etimologistas, el monasterio que fundó para depositar esta reliquia recibió el nombre de Charroux -carne roja o caro rubra-, prueba de que, a pesar de los siglos transcurridos, el Santo Prepucio había conservado su frescura. Se le llamaba, eufemisticamente, el Santo Voto o la Santa Virtud. La ostentación se realizaba cada siete años ante inmensas multitudes. Clemente VII, el Chungo, concedió numerosas indulgencias a los asistentes.
No obstante, el Santo Prepucio de Charroux es puesto en tela de juicio: algunos leen praesepium en lugar de praeputium, lo que indicaría una reliquia del Santo Pesebre y no del Santo Prepucio.
El Santo Prepucio de Poitiers corrió la misma suerte que el sajón y el belga y desapareció durante las guerras de religión. Pero fue hallado de nuevo en 1856 con su relicario en un muro de la antigua casa abacial por las ursulinas de Chavagnes. El ilustre Pío, obispo de Poitiers, proclamó el reconocimiento oficial de la reliquia después de dos años de examen, la llevó procesionalmente a las ursulinas, restableció la fiesta del septenio e instituyó una lotería para reunir fondos para elevar al Santo Prepucio una capilla.
Se atribuyen al Prepucio innumerables milagros en la Edad Media y varios en 1856. Además, se advirtió en toda Francia, a pesar de las burlas, un asombroso resurgimiento de la fé, lo que atestigua el hecho de que aquel mismo año fueron vendidos veinte millones de medallas milagrosas de la bienaventurada Virgen María: dieciocho millones de cobre y dos millones de oro y plata. En todo caso, parece que el velo del silencio ha vuelto a sepultar desde entonces al Santo Prepucio de Charroux, y de hecho, la reliquia en sí ha desaparecido.
El cura de Charroux dijo que el relicario hallado en 1856 contenía cuando lo abrieron una reliquia de Santa Radegonda. Finalmente, la superiora de las ursulinas de Chavagnes asegura nunca haber oído hablar de «San Prepucio».
El Santo Prepucio italiano no es solamente el único que subsiste, sino también el que reúne, sin hablar de nuevo de Santa Brígida, las más altas referencias. El Santo Prepucio estaba guardado en un precioso relicario que formaba parte de los tesoros del Letrán. Esta reliquia, conservada en el Sancta Sanctorum, era objeto de una veneración particular. Cada año, el papa la ungía con Santo Crisma, al mismo tiempo que al leño de la Vera Cruz. Tal fue la práctica seguida hasta el saqueo de Roma, ocasión en que el relicario fue robado (6 de mayo de 1527).
El papa Clemente VII, el Dabuten, tan activo para el Santo Prepucio de Roma como el antipapa homónimo lo había sido para el Santo Prepucio de Charroux, anunció el robo y prescribió indagaciones. El ladrón era un lansquenete, que fue a parar a Calcata, donde le colocaron y dónde le confinaron en un sótano del castillo. Como se temía lo peor, dado que en esos tiempos los sacrílegos recibían unos castigos ejemplares, escondió allí el relicario que había ocultado en sus calzas y cuyo contenido ignoraba. No se atrevió a llevárselo consigo cuando fue puesto en libertad, volvió a Roma, cayó allí enfermo, ingresó en el hospicio del Espíritu Santo y, en trance de muerte, confesó su robo a un capellán, quien en seguida puso al tanto de todo a Clemente VII. El papa, imaginándose que tal vez se tratara del Santo Prepucio, ordenó a Flaminio de Anguillara, señor del lugar, que hiciera las pesquisas más diligentes: éstas fueron vanas. Sólo treinta años después fue descubierto el relicario por azar y llevado a la madre del tal Flaminio, Magdalena Strozzi. La dama lo abrió en presencia de varios testigos. Había allí tres saquitos, atado cada uno por un hilo de seda; las inscripciones indicaban para el primero una uña de San Valentín, para el segundo un diente de Santa Marta. Las reliquias se atenían a las inscripciones y las mujeres quedaron maravilladas de la buena conservación. El tercer saquito tenía, medio borrado, el nombre de N.S. Jesucristo.
En el momento en que Magdalena Strozzi se disponía a soltar el hilo del tercer saquito, sus dedos se entumecieron. Una nueva tentativa tuvo el mismo resultado, lo que la llenó de estupor. Pasó lo mismo con el tercer intento, a pesar de las fervorosas oraciones que las tres dirigían al cielo. Se acordó de pronto de los edictos de Clemente VII y gritó que esta reliquia debía de ser el Santo Prepucio. Se extendió un suave perfume. Entonces, Magdalena Strozzi en un acto de sagrado escaqueo, propuso que el cuidado de deshacer el nudo fuera dejado a la pequeña Clarisa Orsini, una niña inocente de 7 años que estaba por allí. El nudo se deshizo por sí solo en sus dedos. Fue el primer milagro de la reinvención del Santo Prepucio. El perfume que exhalaba impregnó a los testigos durante dos días. La reliquia fue puesta en una fuente de plata y depositada sobre el altar de la iglesia de los Santos Cornelio y Cipriano.En aquel mismo instante, advertidas por una inspiración divina, las mujeres de la cofradía de Santa Úrsula de Massano, aldea vecina, se pusieron en marcha hacia Calcata, llevando antorchas y entonando cánticos. Fue según dicen, a mi juicio un poco exageradamente, el segundo milagro, seguido muy de cerca por otro: mientras las cofrades de Santa Úrsula veneraban el Santo Prepucio, el altar quedó envuelto por una nube en la que brillaban estrellas. El cura hizo tocar las campanas para señalar el prodigio, que duró cuatro horas. Fue muy pronto tan densa la multitud que había en el interior de la iglesia, que las personas que no podían entrar subieron al tejado y quitaron las tejas, para ver lo que pasaba. El milagro no cesó hasta la llegada del señor de Anguillara, que volvía de una cacería.
Magdalena Strozzi fue a Roma para relatar a Paulo IV los acontecimientos de Calcata. Este papa, en 1559, encargó a dos canónigos con nombre de clowns, monseñores Cenci y Pipinelli, que fueran a hacer una investigación sobre el terreno. A Monseñor Pipinelli no se le ocurre otra insensatez más que probar la elasticidad del Santo Prepucio y, torpemente (y previsiblemente), lo desgarró. Sus manos se helaron, la tierra tembló, un rayo atravesó la iglesia y el trueno retumbó. Fue el cuarto milagro. Los dos canónigos se volvieron a toda prisa y aseguraron al soberano pontífice que era indudable que el Santo Prepucio se hallaba en Calcata. Paulo IV decidió dejarlo allí. Juzgó, en efecto, que tantos milagros demostraban una predilección de la reliquia por el lugar adonde la habían conducido los azares de la guerra.
El Santo Prepucio de Calcata se señaló en 1587 por un quinto milagro, análogo a los dos precedentes: cuando damas de calidad fueron desde Roma para contemplarlo, el altar quedó envuelto por una espesa nube que sumió a las visitantes en el espanto.
En 1584, Sixto V acordó una indulgencia plenaria a la iglesia de los Santos Cornelio y Cipriano de Calcata para el día de la Circuncisión. Para honrar la memoria de Clarisa Orsini, la niña aquella que lo desenvolvió, Benedicto XIII Orsini (mmm... sospechosa coincidencia de apellidos) procedió a renovar esta indulgencia.

Hasta fines del siglo XIX se exponía la reliquia varios días al año pero, hacia esos años, unos protestantes alemanes que la habían descubierto publicaron sobre ella unos artículos tendientes a desacreditar a la Santa Iglesia Romana. Esto hizo que la Suprema Sacra Congregación expidiera el decreto nº 37 A, del 3 de febrero de 1900, que prohíbe hablar o escribir de esta reliquia, bajo pena de excomunión reservada speciali modo. Ha dispuesto también por edicto que sólo será mostrada a extranjeros con autorización del obispo y la gente del país en la fiesta anual, de lejos y sin comentarios. Ha conseguido además que el Santo Prepucio de Calcata no sea mencionado en las guías del Club de Turismo de Italia.
Toda esta historia novelesca de las peripecias de la Santa Virtud está entresacada de las actas del mencionado cónclave en el que se solicitaba la reinstauración de su culto. Una vez expuestos los hechos, y tras algunas discusiones más o menos acaloradas entre los contertulios, los cardenales se retiran para deliberar aparte.
El resultado, una vez que se ponen de acuerdo los jueces de la Iglesia, es que la solicitud no solo es rechazada, sino que el decreto que condenaba su veneración es confirmado y reafirmado. La pena de excomunión contra todo aquel que escriba o hable del Santo Prepucio sin permiso queda reservada a la Santa Sede Apostólica y pasa de la categoría speciali a specialissimo. Los contraventores son, además, ipso facto reputados infames, aunque en la categoría menor de «infames tolerados». En caso de obstinación, serán puestos por sentencia nominal en la categoría mayor de los «infames que deben ser huidos».
Visto el panorama, confiemos en que no caiga en sus manos este número de Mondo Brutto, o se nos ha caido el pelo.


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