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Raúl Minchinela

¿Cual es tu visión después de los años, de lo que fue contracultura y qué representó para ti?  

Probablemente contracultura es lo más loco, divertido y desenfadado que he hecho en mi vida. Contracultura era no solo el fanzine y la web. Era una (des)organización que hacía intervenciones artísticas, actuaciones de teatro, ciclos de cine, exposiciones a base de fotocopiadoras,... Era una diversión completa. Era increíble. Esa foto es necesaria para responder a tu pregunta, que se limita –y con criterio- al webzine.

Contracultura el webzine fue probablemente la primera "revista de Internet" en español en tratar los temas de los que habitualmente tratan los fanzines. Eso que englobábamos en cultura de masas, subcultura y contracultura. Era la versión digital de un fanzine (Contracultura el Infrazine") que repartíamos en la universidad de Zaragoza y en los bares más activos de Zaragoza. En cierto sentido, era un fanzine más, tal vez mejor redactado, más juguetón en el aspecto visual, pero uno más. Lo que lo hizo especial fue que fue el primero en aparecer en la Internet, gracias a que en el Centro Politécnico Superior de Ingenieros de Zaragoza se permitió el acceso a Internet de las asociaciones de estudiantes a partir de 1995. Y vivió hasta 1998, el año en el que abandoné el CPS.

La web de contracultura, vista con perspectiva, ofrece dos fotos opuestas. Una es un cierto sabor a trabajo bien hecho: agradecimientos, reseñas en diarios nacionales, comentarios halagadores en papel y a la cara,… La otra es que a causa de esa explosión inicial, hubo un instante en el que el feedback que recibíamos nos hacía pensar que Contracultura podría ser una base sobre la que otros, que no tenían un acceso tan abierto a Internet, podrían construir. Una "república independiente del fanzine digital". Eso nunca sucedió. Y es un cierto regusto amargo. A eso hay que añadir, con toda la sinceridad pertinente, que Contracultura probablemente tuvo más seguimiento del que merecía. El llegar el primero hace mucho.

Luego está la parte puramente personal. El grupo con el que creé Contracultura han terminado siendo mis amigos más cercanos, más que los que formé en el colegio o en el instituto o entre los vecinos. Con todo lo que sudamos y con todas las noches que no dormíamos para hacer la revista, ese detalle –totalmente personal, y que al lector le es irrelevante- ya justifica la experiencia.

Desde contracultura, abristeis las puertas de la cultura 'underground' a mucha gente que no conocía muchos de los temas que tratasteis, y por otro lado reivindicabais la importancia de estos personajes, que no se les solía, ni se les suele dar en los medios de comunicación masivos. Suelen ser, pues recomendaciones de amigos, o referencias aparecidas en artículos o entrevistas, las que para el que esté interesado sirven de llave de acceso a estos personajes contraculturales. ¿Como te adentraste en el mundo de la contracultura? ¿Y cuales fueron los medios mediante los accediste a ella?  

Siempre se accede a estas cosas del mismo modo: de prestado. Dejas cosas, te prestan cosas, pierdes cosas que se prestan a terceros, te llegan otras tantas que vienen de terceros...
Es oportuno señalar que mi hermano es once años mayor que yo. Eso significa un salto cualitativo en tu estantería.  Mientras crecía, lo que compartía con él era siempre en su territorio.  Así, con diez años discutes sobre personajes y argumentos que le interesan a alguien de veinte. Con quince, a alguien de veinticinco. Yo leía El Víbora mucho antes de la adolescencia. No es que lo entendiera todo, pero eso servía para construirte modelos en la cabeza. Cuando eres muy joven, buscas lógica en el surrealismo, y siempre aparece algo. Construyes con la cabeza. Y casi siempre te equivocas, lo que significa que te has inventado algo nuevo. Entre El Vibora y La Bola de Cristal, tu concepto del mundo era muy, muy particular.

La juventud con estantería grande no es fácil. De pequeño ya había notado que lo que a mí me molaba era guay o era rechazado (por mis compañeros de juego) de una manera aparentemente aleatoria, con algo que nunca he sabido si era la edad o las modas. Un año yo era gracioso y al siguiente no. Un año lo que leía molaba, y al siguiente era una mierda, a ojos de los demás. Ante esa situación, o te abandonas a esa extraña inercia ajena, o te resistes y aprendes a aguantar el temporal con aquello que te gusta. Un poco como los que juegan la lotería al mismo número, año tras año, esperando que más tarde o más temprano salga premiado. Decides que sabes lo que te gusta y empiezas a construir argumentos para defenderlos. Eso crea carácter. Un fanzine es eso mismo, pero pasando mucho más rato en elegir las palabras y las fotos. Lo mismo.

Cada numero de contracultura, era un pequeño monográfico sobre un
ámbito contracultural, el mundo del cómic, del cine porno, el de serie B, literatura de la generación beat, introduciendo a  los grandes nombres de dicho genero. Hace 10 años, sin la facilidad de conseguir contenidos mediante internet, que hay ahora, y en una ciudad como Zaragoza, ¿como se lo hacia la gente para conseguir ese material?

Dando el callo. Dando la brasa. “Yo sé de alguien que lo tiene”. “Ya le preguntaré”. “¿Dónde diablos leí aquello?”. Era un caos. Los temas te venían porque en tal revista o tal libro te había seducido. Pero el tema hacía “clic” mucho más tarde, y luego tenías que rastrear dónde lo habías visto que, en general, era material prestado. La Internet del 95-98 (que fue la vida real de Contracultura) no tenía colgadas imágenes con tamaños para imprenta. Alguna usábamos para la edición impresa, pero se notaba en seguida.

Ahora la Internet ha compensado todo eso, claro. Ahora no necesitas una semana para saber cómo era aquella portada de disco “porque sé de un amigo que”. Un buscador o un pool de imágenes te lo solventa en segundos. Yo creo que esa misma dinámica, que yo disfruto y me sigue asombrando, ha hecho que el internauta medio no acuda a los fanzines. Y es muy complicado hacer fanzines si no consumes fanzines. La mayoría hacen blogs porque leen blogs, pero el blog tiene un formato más inconexo. Yo mismo tengo un blog; y es, lógicamente, inconexo. Que el fanzine haya desaparecido de la Internet tal vez le da a Contracultura mayor peso, a posteriori.

¿Como era la cultura del fanzine en la época en que publicabais contracultura? ¿Teníais algún fanzine como referente antes de empezar?

Yo en particular estaba enamorado de 2000 Maníacos, un fanzine cinéfago de Valencia dirigido por Manuel Valencia, y donde colaboraban primeras espadas de la categoría de Jordi Costa, Alex Cinéfilo, Jesús Palacios o Pedro Calleja + Sandra Uve. Maníacos molaba porque hablaba de películas de serie B y serie Z que no podías ver (eran tiempos muy pre-emule). En principio, que te hagan crítica de obras que no puedes consumir es una frustración. Pero ellos las comentaban con tanta ilusión, tanta energía, y tan buen humor, que te contagiaban. Yo la mitad del fanzine la leía sin saber de qué me hablaban. Te lo juro. Eso, y que tenían coletillas espectaculares. Tal actriz “está más buena que tu madre”. Cosas así. 2000 Maníacos fue un modelo porque yo quería hacer eso mismo: seducir a la gente a que leyera sobre cosas que no conocía y que no eran fáciles de conseguir. Y que, pese a todo, leyeran los textos y se divirtieran y se quedaran con algo del mensaje que pretendías transmitir. También estaba la sección “No me judas Satanás”, que César Martín escribía en la revista Popular Uno. También eran artículos de la cuerda, igual de exhaustivos, con el mismo humor agresivo. Lo encontramos más tarde, pero también coincidía en la forma y en parte del fondo.

2000 Maníacos es un cimiento claro y un modelo sobre el que construimos,  pero la mayoría de nuestras lecturas eran Zaragozanas. Fanzines de bar. Hacíamos lo que leíamos, o mejor dicho, lo que echábamos en falta en lo que leíamos. A mi me gustaba mucho Kaspa de Rata, un fanzine de Tebeo donde nacieron SuperMaño, de Calvo, y Cultass, de Calpurnio. Casi nada.

Por otra parte, el material más fácil de conseguir eran las ruinas del fanzine subvencionado. Era fácil encontrar ejemplares de Madriz, de Madrid me Mata, los asombrosos libros de Neuróptica que publicaban los de Bustrófedon, una cosa sesuda sobre cómic que convertía el Comics Journal en lectura para el retrete. Unas cosas tremendas, que daban a entender que hubo un tiempo en el que este tipo de cosas eran relevantes. Tardamos mucho en descubrir que no fueron relevantes, sino subvencionadas. Pero nuestra arqueología de rastro se construyó un mundo fanzinero en el que esa parte también tenía cabida. Nos inventamos un sistema para encajarlo. Era como construir a partir de unos restos toda una civilización, y una lógica, que de hecho nunca existió.

Entre los fanzines de Bar, los de tiendas de tebeo, y los del rastro nos construimos un sistema general de los fanzines, en genérico, con el que construimos Contracultura. Seguro que nos equivocamos, y por tanto lo que construimos era una cosa nueva. Y de ahí que a mucha gente Contracultura le haya parecido original.

Faemino y Cansado recuerdan la entrevista que les hicisteis como una de las mas interesantes de su carrera... ¿Cuales fueron las entrevistas de las que conservas un mejor recuerdo? ¿Y bajo que criterio os regíais para decidir a quien entrevistar? ¿Como lo hacíais para contactar con la persona?

La primera entrevista que hicimos fue con J de los Planetas. Lo asalté veinte segundos después de un concierto, y me dió el teléfono de su casa. Yo fui el primer sorprendido. Los primeros bocetos de Contracultura se construyeron con el insistente sonido del primer EP de los planetas, el que en la portada tenía un dibujo de Starlin o de Shawn McManus, porque a Joaquín en particular le apasionaba. Tal vez fue el primero para obligarnos a pensar las entrevistas en grupo, para involucrar a Joaquín en el cuestionario. La hicimos por teléfono, y se convirtió en una costumbre.

El asalto –después de una conferencia, de una actuación, etc- funcionaba muy bien, porque los entrevistados sabían con dos frases vas a sintonizar con ellos o no. Casi de inmediato. Y solíamos sintonizar con los personajes que nos interesaban. Incluidos los que peinaban canas. La alternativa al asalto era el teléfono, y astucia con las guías, y amigos con amigos de amigos. Mauro Entrialgo fue muy generoso con su agenda.

La única entrevista en la que seguimos el “trámite institucional”, a través del representante y tal, fue con Manolo Escobar. Y fue un infierno. Aprendimos la lección: evita los trámites. Evita los intermediarios, la gente que quiere fingir que es esencial.
De todas las entrevistas, las que más me enriquecieron personalmente fueron la de Albert Boadella y la del desaparecido Luis Carandell. Fue increíble. Parecía que me leían la mente, que sabían exactamente lo que les estaba preguntando. Boadella tardó un poco, porque empezaba muy defensivo, pero cuando vio que era sincero desplegó un arsenal que me dejó asombrado. Esos dos encuentros son los que más me han marcado, personalmente. Esos, y una entrevista con Gustavo Bueno que nunca pasé a limpio, y que colgaré cualquier mes de estos. Esas experiencias fueron espectaculares.

Sobre qué nos hacía elegir unos en lugar de otros... Cuando definíamos los contenidos de la revista, sobre el tema que tratase en ese número, si alguien era español considerábamos más honesto hacer una entrevista que un artículo. Y de la lista de españoles elegíamos al que nos parecía ideal para ilustrar tal o cual cosa. Sobre todo nos decidía saber que queríamos escuchar a cierta persona en particular. Por eso planeabamos las entrevistas para que fueran exhaustivas, para que fueran una especie de resumen del personaje. Ahí creo que acertamos.

El formato de vuestro fanzine en internet, vivió 2 versiones, la
primera era muy colorista y la segunda que quedó incompleta tenia la portada toda oscura.
Mientras que el fanzine en papel tenia el texto muy apretado, en la web las fuentes eran grandes y destacadas. ¿Cuales eran las  sensaciones que queríais transmitir mediante el formato que le dabais?

Uno de los principales problemas al montar la web era que no existía ningún arquetipo con el que jugar. Un fanzine en papel tiene arquetipos: basta echar un vistazo para saber de qué trata y cómo lo trata. En las webs no había esa cultura. Hoy sí, ya ha habido diseñadores que han desarrollado con mucho acierto el medio. Pero entonces dábamos palos de ciego.

La versión azul era una herencia de una norma no escrita de las presetaciones de powerpoint de la época: la legibilidad es máxima con letras amarillas sobre fondo azul. Por supuesto, era mentira, pero en la facultad era una especie de saber infuso. Nosotros hicimos una variante de esa idea aplicando colores casi puros e intentando hacer nuestra la combinación de colores de la portada de “Never Mind he Bollocks” de los Sex Pistols. Hacíamos cosas que hoy son inimaginables, como colorear las imágenes. Un cierto horror. Conocíamos la obra de os diseñadores Neville Brody y Milton Glaser, eran nuestros maquetadores modelo. Pero no la aplicamos con todo el acierto necesario.

La segunda versión que apuntas buscaba hacer uso de las nuevas tecnologías, que permitían movimiento en la página. Fue una aplicación de DHTML, una cosa moderna en su momento, en la que recorrías un celebro escaneado a lonchas. Era juguetón. Mucha gente preguntaba si estaba hecho en flash; aún no conocíamos el flash entonces. Estábamos demasiado entretenidos con el principio del MP3.


La continuación del contracultura, por tu parte, fue una columna
escrita en yahoo titulada 'Enamorado de mi modem juvenil'. ¿Como se produjo este cambio de publicar en una web a usar una lista de distribución de correo? Así mismo empezaste a publicar artículos en Mondo Brutto... como tuvo lugar ese cambio y cual era el panorama nacional de los fanzines en ese momento, y que tenia el mondo brutto para que te hiciese decantar para allí?

En 1998 me mudé a Barcelona a vivir con mi novia y decidí tomarme un año sabático después de la carrera. Una de las cosas esenciales en ese año sabático fue que decidí no ver la televisión y no usar el ordenador. Ponía música, leía libros, pasaba un tiempo enorme en exposiciones. Pero me desconecté de la internet, y en general del mundo de los monitores. Esa etapa me llevó a un regreso a las viejas maneras. En el diario El Coaxial de la universidad había escrito la columna de la contraportada – “El observador novel” -, y se sumó la inercia del artículo semanal con la distancia de los amigos y del entorno de toda la vida. . Así nació “Enamorado de mi Modem Juvenil”, una especie de canto al regreso de la Internet y esa ideal mente colectiva, y también una reflexión sobre la ficción, que era lo que me unía a mi “vida anterior” La ficción incluye necesariamente la política y cualquier elemento que frecuente los medios de masas. Era una válvula de salida de una situación nueva y anómala. Y una forma de mantener el contacto con el teclado, de poner una cierta disciplina. Hace mucho obligarte a un numero determinado de caracteres. En el modem eran 4500.

El tema de Mondo Brutto es más curioso. Conocí Mondo Brutto en El Fantasma de los Ojos Azules, el Bar que regentaban la mitad de El Niño Gusano, cuando repartía por los bares el que terminó siendo el último numero de Contracultura el Infrazine. Cuando lo ví me quedé alucinado. Lo que nosotros pretendíamos con “Los intocables de Francisco Franco” o con “40 maneras de cambiar de gafas”, que era resumir todo un recorrido cultural de la forma más telegráfica posible, ellos lo hacían con textos exhaustivos, larguísimos, y en general muy bien documentados. Y muy divertidos. Me di cuenta de que nosotros hacíamos las cosas telegráficas porque queríamos construir una introducción para el lector novato en una serie de campos. Pero lo que venía después de la introducción, era Mondo Brutto. Me quedé encantado. Empecé a colaborar enviando textos, pero su modelo de texto exhaustivo es agotador de escribir. En términos literarios, ellos son corredores de fondo y yo soy un sprinter. A mi me gustan las distancias cortas, ceñirme al máximo. He estado un tiempo sin enviarles nada, pero el próximo número (el primero de 2006) tiene un texto mío. Y sigo sidariamente la lista de correo de Mondo Brutto. Hay gente muy brillante ahí dentro.

En la actualidad, contracultura ha renacido con el formato de
webblog, recuperando de vez en cuando artículos ya clásicos, y siendo canal para expresar las inquietudes de los que formáis parte de ello. Y además seguís reivindicando a los artistas contraculturales de antes, Joel Peter Witkin por ejemplo... ¿crees que la gente es mas receptiva a la contracultura ahora que antes? O quizás la gente prefiere conocer las nuevas tendencias antes que conocer a los clásicos.

No apuesto por una mayor receptividad, pero es cierto que ahora es mucho más facil acudir al material de origen. Esas películas extrañas que comentaba 2000 Maníacos, esos discos oscuros que aparecian en Ruta 66,... todo eso está a un tiro de programa P2P. Basta con que alguien, en alguna parte, quiera compartirlo. Por no hablar del Youtube, o el Google Video. El regreso de contracultura como Blog no es formalmente un regreso. No tiene una organización, ni reuniones. No hay una voluntad de continuar un modelo que sí que pretendimos conscientemente seguir. De momento es un corcho donde gente que estuvo en aquel sitio y en aquel momento cuelga sus impresiones. No sé dónde derivará, pero a fecha de hoy es un juego y un vínculo. Si cuelgo textos del pasado es porque de lo que se hablaba en esos textos sigue siendo ”viejo”: contracultura no era una revista de tendencias, sino de resumen, de “de donde ha venido todo esto”. Hablábamos de animadores de los cuarenta, no del corto que ganaba el óscar. Así que colgamos esos textos para que la gente escuche a la velvet underground o vea piezas de Ladislas Starevich, que sigue siendo algo que tiene que ser voluntario, que no es fácil cruzarte viendo la tele.

 

Los imprescindibles de Raúl Minchinela

Libros imprescindibles:
Celtiberia Show, de Luis Carandell
La guía del autoestopista Galáctico, de Douglas Adams
Mondo Bulldog, de Jordi Costa
Archipiélago Gulag, de Alexander Solzhenitsyn
Asfixia, de Chuck Palahniuk
Ulises (libro 2 en adelante)- James Joyce  (sí, en serio)
La flecha del Tiempo, de Peter Coveney
El libro del convaleciente, de Enrique Jardiel Poncela


Permíteme añadir una parte de Tebeos:
Paracuellos/Auxilio Social, de Carlos Giménez
Maus, de Art Spiegelman
Acme Novelty Library, de Chris Ware
From Hell, de Alan Moore
La obra pop de Gallardo (por ejemplo, Perro Nick)

Discos imprescindibles:
Nova Bossa- Red Hot on Verve
Cualquier volumen de Spanish Bizarro
El efecto lupa- El niño Gusano
Una semana en el motor de un autobús- Los Planetas
The Velvet Underground- The Velvet Underground
Goo- Sonic Youth
Mars Audiac Quintet- Stereolab
Electr-O-pura – Yo La Tengo
Future Sound of UK vol 3 - Bentley Rhythm Ace
As Heard on Radio Soulwax vol.1- 2 Many Djs
La Consagración de la Primavera - Igor Stravinsky

Películas imprescindibles:
Un perro andaluz, de Luis Buñuel
La parada de los Monstruos, de Tod Browning
La vida de Brian, de Monty Python
Santa Sangre, de Alejandro Jodorowsky
El vientre del Arquitecto, de Peter Greenaway
La Naranja Mecánica, de Stanley Kubrick
Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola
Akira, de Katsuhiro Otomo
El club de la Lucha, de David Fincher

Lugares imprescindibles:
Una fiesta Universitaria (en particular, un San Pepe)
Un macrofestival de rock
Un concierto de El Niño Gusano (uups, muy tarde)
Una actuación de Faemino y Cansado
Un tren nocturno por Europa del Este
Un barco de pescador en las islas de Croacia
Las cuatro horas que hay después de que una fiesta se da por disuelta


Webs imprescindibles:

Youtube/Flickr- Youtube.com, Flickr.com: el mundo audiovisual como lo intuíamos (aquí podriamos incluir mytv2go o cartun.com, de donde salió buena parte de La Hora Chanante)

Boing boing- Boingboing.net: un canto a la autorregulación de la red

Filosofía en la red: Filosofía.org, Gustavo Bueno (fgbueno.es)y Esponjiformes.com

Bizácoras.net: un gran intento de articular el mundo fanzinero sobre los blogs, de recorrer el camino inverso e intentar articular la blogosfera (o la burrosfera, específicamente) en un tronco cohesionado.

No es estrictamente una web,pero creo necesario mencionar “Blender”, una revista norteamericana que se distribuía en CD-Rom y que fue de las primeras cosas interactivas “no-arty” que vimos. Su espíritu se conserva hoy en multitud de webs que combinan la actualidad musical y contenidos de ficción crados por ellos mismos. Con Blender vi lo que sería la web cinco, diez años después.