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Velvet Revolver

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Razzmatazz 1 (Barcelona), 9.septiembre.2004

Negar la expectación que había despertado la edición de Contraband o la correspondiente gira de Velvet Revolver es mentir cual bellaco. El ambiente que se respiraba (nunca peor dicho, dado el bochorno) en la antigua Zeleste era el de las grandes ocasiones a pesar de la intromisión del Azkena, qué para eso venían un puñado de ex-Guns'n Roses y el ¿ex?líder de los Stone temple Pilots. Así que tras la actuación digna pero falta de la garra, al menos comparado con lo que que pudimos verles el pasado mes de abril, de los Backyard Babies llegaban las estrellas del cotarro viéndose enseguida los desajustes que ya se intuían.

Personalmente creo que Weiland pasando por su particular fase Freddie Mercury (pero adaptado a la propuesta de la banda) es tan creíble como cualquier futbolista de primera división hablando de física cuántica. Si algún tipo de Glam le iba al bueno de Scott Weiland (tal y como mostró en la última etapa de su banda) era el que representaba Brian Ferry o, porqué no, el Bowie de Diamond Dogs, pero bueno... Ahí le teníamos, de icono grunje a "frontman" sleazy con total naturalidad y el gracejo digno de un profesional del ramo. La batalla ya se les puso mal con la edición de un disco que no parece a la altura de las circunstancias. Unos cuantos temas saltarines, pero totalmente vacíos (con excepciones) faltos de una verdadera línea propia más allá de la suma de elementos, esto es, del pastiche.

Otro pero fue ese sonido apabullante, falto de matices, estruendoso e impersonal. Como si la suma de más y más amplificadores fuera mano de santo. Con ese sonido, insisto, la guitarra de Slash no lució lo que se le conoce y la voz de Weiland quedó sepultada aún sacando ese altavoz digno de un representante sindical. De todas formas hay que reconocerles que sobre el escenario hubieron cinco músicos que le echaron ganas. Weiland se movía más que la peonza de un epiléptico, Duff (ultracarismático) y Slash (correctísimo pero, insisto, víctima del mal sonido) intercambiaban posiciones derecha izquierda/izquierda-derecha para jolgorio de las masas.

Kushner intentaba hallar su hueco con sus pintas de reserva de Village People, y el siempre efectivo pero absolutamente gris Matt Sorum cumplió su función (y también respaldó al cantante con sus coros). Así pues el repertorio de su disco de debut fue desgranado con profesionalidad 11 sobre 10 y éste se vio reforzado con las esperadas y necesarias versiones de los Pilots (Crackerman y Sex Type Thing, hubieron muchos fans que los agradecieron) y, cómo no, de Guns 'n Roses. Toda una Used To Love Her y una potentísima It's So Easy con la colaboración del mismísimo Izzy Stradlin. Fue el momento emotivo de la noche sin lugar a dudas, sólo faltaba Axl para completar la alineación de los Illusions.

Precisamente con Used To love Her Weiland pudo lucir sus cualidades como voceras ya que, al menos en este tema, su voz no quedaba sepultada por los instrumentos. Lo mismo podemos decir en el baladón Fall To Pieces, heredero directo de esa clase de temas con los que los rockeros intentaban convencer (hace años) a las pijillas de que, en el fondo, tenían sentimientos... Ahí es donde pudimos disfrutar de la peculiar voz de este señor que parece que toma de muchos vocalistas y en el fondo ha acabado demostrando (hace mucho tiempo ya) que posee una de las grandes voces de la década pasada.

Ya en la parte final, tocaron Slither (de lo mejor de la noche, sin duda) y se despidieron con el momento más estrambótico que recuerdo en un concierto desde hace tiempo: su versión de Negative Creep. Hubiera dado todo lo que tengo (y cuando digo todo es TODO) por ver el jeto de Cobain siendo testigo de como Weiland se movía como una auténtica locaza mientras cantaba esos versos: "I'm a negative creep, I'm a negative creep, I'm a negative creep and I'm stoned", o, increíble amigos, Slash lanzaba minisolos de virtuoso entre la maraña de riffs (siendo ésta una de las composiciones más brutas y descarnadas de Nirvana).

La cara de desubicación tenía que ser inolvidable. Aún y así, cuando Weiland se lanzó al público el el sprint final del tema y éste fue rescatado (acabó el tema subido sobre uno de los "pipas" y diciéndole a la peña que se jodiera a grito pelado al más puro estilo Raphael) podemos decir que acabamos disfrutando como enanos. Ese final fue puro esperpento, pero de calidad, oigan.

Chris Peterson -  23.03.2005