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The Darkness

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Razzmatazz 2 (Barcelona), 15.diciembre.2003

Mucha espectación había para ver en acción a estos británicos que son la última gran esperanza del hard rock para el 2003. Más que en el pasado show de Jane's Addiction, ya que en el caso de los angelinos, había también mucho miedo, miedo a que no estuvieran a la altura de la leyenda. En el caso de The Darkness, si al final resultaban ser un fiasco, pues a otra cosa, y listos. Había ganas. Hay ganas de encontrar a la nueva banda que lleve el hard rock a lo más alto (alguien dijo Guns n' Roses?), tras la decepción que supuso la corta carrera de los que eran llamados para esta tarea, Buckcherry. Y aunque estilísticamente ambas bandas, The Darkness y Buckcherry, son muy distintas, en el concepto no lo son tanto.

De acuerdo que ciertos aspectos de las credenciales de The Darkness no son del todo positivos. Una banda ensalzada en Gran Bretaña no es mucha garantía, y el hecho de aparecer en portadas de revistas "de tendencias" como The Face, por el look que luce el vocalista Justin Hawkins -aunque no deje de ser un híbrido entre Mick Jagger, Steven Tyler y David Lee Roth- da que pensar.

La multitud de extranjeros, principalmente británicos que se dio cita aquella noche en Razzmatazz da fe de que los chicos son una verdadera sensación en su tierra. La cuestión era comprobar si se trataba de una verdadera banda, de si sabían defender su buen disco sobre las tablas, o bien si eran un timo, unos caraduras con mucho éxito. De todos modos, y aunque había cierta curiosidad entre un sector del público, huelga decir que una amplia mayoría acudió dispuesta a entregarse a la banda, confiada de disfrutar como lo hicieron de su fantástico debut, Permission To Land, ávida de tics rockeros, necesitada de clichés, sedienta de guitarrazos, divismo y el buen rollo que transmiten The Darkness desde su adictivo repertorio.

Tanto es así, que la larga espera, entre unos aburridos teloneros (perdonen, no recuerdo el nombre) y un interludio entre banda y banda a todas luces excesivo, se hizo eterna. Lo cuál dio tiempo a escenas que, tal vez vistas desde fuera, puedan resultar pueriles, pero desde dentro se comprenden y comparten, como es el hecho de silbar a las bandas "modernikis" que anunciaban sus shows en un vídeo promocional que se proyectó antes de la actuación de nuestros hombres, o el hecho de ver al respetable coreando "Dark-ness, Dark-ness", impacientes por el inicio del concierto.

Y al fin aparecen en escena, un corto instrumental, directos a desgranar su disco. La primera conclusión es que Justin Hawks, aparte de lucir modelitos arrebatadores, es capaz de calcar las interpretaciones vocales del disco casi sin despeinarse. Definitivamente, la potencia vocal de ese tipo es impresionante, y desde luego, aporta una personalidad a la banda que en cierto modo, eclipsa al resto de sus compañeros, por otra parte, instrumentalmente competentes, pero nada del otro mundo. Las miradas van hacia el vocalista, quien conduce el show a unas maneras deliciosamente histriónicas, saltando a lo David Lee Roth, acentuado sus gorgoritos, tocando la guitarra por la espalda, dicho de otro modo, sabe lo que el público espera de él, y se lo da.

Yendo de menos a más, con cada tema estrella de su disco la sala cae rendida a sus pies, y no deja de corear los temas. Con Love is Only a Feeling, con Friday Night, o con Black Shuck, nos hicieron disfrutar de eso que tal vez pueda parecer estúpido, pero no deja de formar parte del rock and roll, como es cantar, saltar, bailar, y sobretodo, vivir una noche de hard rock al estilo clásico. Podría tratarse de una banda de tributo con más suerte de la cuenta, si no fuera porque The Darkness, además tiene un repertorio que tira de espaldas -Permission... es un disco con, como mínimo, seis o siete hits- amén de la personalidad que le imprimen a la interpretación.

Y si bien es cierto lo que comentaba anteriormente, de ciertas escenas "pueriles" vistas desde fuera, ya sabéis, eso de seguirle los gorgoritos al tipo, los momentos en los que Hawkins hacía cantar al público (por momentos parecía Paquito Chocolatero), ciertos comentarios entre canción y canción, ciertas bromas, también es verdad que desde dentro, uno se olvida de todo, se deja llevar, y, qué diablos, también es divertido.

La escena final, en la que Justin Hawkins, en mitad de un tema, se monta a hombros de un pobre roadie y poniendo en peligro su integridad física, se pasea por toda la sala, al más puro estilo AC/DC, tiene su gracia. E interpretaciones como las que hicieron de Love On The Rocks With No Ice o I Believe In A Thing Called Love dejan fuera de toda duda la capacidad de una banda que promete.

En conclusión, que The Darkness pasan sobrados la reválida del directo, ofrecieron un concierto competente y muy divertido, y se consolidan como una banda a tener en cuenta, así que esperemos que su futuro sea tan bueno como lo que llevan recorrido hasta ahora.

Gobo -  25.03.2005