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Rolling Stones

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Estadi Lluís Companys (Barcelona), 29.junio.2003

¿Qué sentido tiene un concierto de los Rolling Stones en el 2003? Dejando a un lado las connotaciones históricas en el seno de la música e incluso sociales que supuso la obra y la actitud de esta banda, ¿qué tiene para adquirir tal importancia? Sin duda alguna, en un principio se debe comentar el repertorio, casi inmejorable para cualquier banda en activo, y eso que en la península Ibérica se ha sido testigo de su show más estándar, basándose en clásicos (y qué clásicos), dejando las sorpresas casi para un plano anecdótico.

Aún así, dejando a un lado el tema del repertorio (que es mucho dejar), nos encontramos con una banda muy competente, en algunos casos brillante, una actitud entregada, menos autocomplaciente de lo que cupiera esperar en un dinosaurio -el dinosaurio - y sabedora de dar al público lo que pide, ¿les suena eso de "you wanted the best, you've got the best"?

Por otra parte, el componente de espectáculo entre circense y Broadway que llevan tiene su encanto... si a alguien se le puede citar bajo el término Arena Rock, esos son The Rolling Stones. Queda muy claro que la época de Mick jugando con su cinturón mientras cantaba Midnight Rambler en un escenario humeante queda muy, muy atrás. Y sin embargo, no cabe llevarse a engaño... en la gira de Black & Blue, en el doble directo Love You Life, ya nos encontramos a unos Rolling Stones grandilocuentes, con sección de viento, con escenarios cada vez más espectaculares, con un Mick superstar, en definitiva, y en el fondo, no tan distinto que lo visto ese domingo en el escenario del Estadi Olimpic. Con la salvedad de que han pasado 30 años de eso.

Unos dirán que eso no es rock n' roll. Que rock n' roll son Turbonegro y Zen Guerrilla, Diamond Dogs y Danzing, The Black Crowes y Jane's Addiction. Tal vez así sea. Pero despreciar un concierto de los Rolling Stones porque sean unos viejos millonarios acomodados sería tan absurdo como no ver Pulp Fiction porque John Travolta sea un puto gordo atontado por la cienciología.

Y a pesar de todo, todavía no soy capaz de ver el desastre que muchos dicen ver. Que si destrozan los clásicos, que si suenan forzados, que si ... Tonterías. Todo el que estuviera allí y viera la interpretación de Can' t You Hear Me Knockin', una de las sorpresas, y casi el punto más álgido del concierto, si no sintió estar viviendo algo especial, o no le gusta la música de los Stones, o no le gusta el rock n' roll.

¿Vejez? Desde luego, son viejos. Qué se le va a hacer, todo en mundo envejece. Y sin embargo, yo vi a Mick Jagger, una gira más, sin igual. Puede que el tipo ya no conserve su aura rockera. Y definitivamente, su actitud fuera del escenario es lo menos rock n' roll que puede ser. En general, no se diferencia mucho de un diseñador de moda, o un empresario de la jet set. Pero amigo, encima de un escenario, pocos frontmans se le pueden igualar. Tal vez Iggy Pop. Y poquitos más. Muy bien de voz, deliciosamente sobreactuador, demostrando a Axl, a Michel Monroe, a Steven Tyler, a Sulo, a Eduardo Speedo Mendoza, quien es el verdadero amo. Quién marca las pautas de cómo debe ser un cantante de rock.

Es obvio que algunos tics de rock de estadios sean ya más autoparódicos que otra cosa, me refiero a esas carreras por los laterales del escenario, a ese "sou de puta mare", en fin, detalles que no ennegrecen una actuación grande. El mejor de los cuatro. Sin embargo, a Keith Richards le ví algo más pasota, hay quien podría achacarlo a la edad, yo creo que en Barcelona simplemente no cuajó una gran noche. Pese a ello, su momento de protagonismo fue otro punto importante, resarciédonos del coñazo que nos endosó en el Bridges To Babylon Tour. Esta vez desgranó la bonita Sleeping Away, uno de los pocos clásicos de la banda en los 90's, y para sopresa de todos, se olvidó de Happy (el número con el que solía cerrar su parte) para soprendernos con un emotivo Before They Make Me Run.

En cuanto a Ronnie y Charlie, ambos en una línea de profesionalidad estupenda. El guitarrista estuvo muy activo, es evidente que nunca será un virtuoso como Mick Taylor, ni un geniecillo como Brian Jones, pero es un Stone de los pies a la cabeza, y su estilo ya se ha hecho clásico en el seno del grupo. Watts, como siempre, impecable en su importantísimo segundo plano.

Por lo demás, los músicos de acompañamiento demostraron un alto nivel y una compenetración total con los Stones. Mención especial para Chuck Leavell, ex-Allman's Bros Band, quien ya lleva muchos años acompañándoles, y en el escenario pequeño fue el único que les acompañó. Sintomático, ¿no creen?

Los Rolling Stones siempre han tenido un teclista, alguno de ellos casi el sexto Stone, y Leavell ocupa ahora ese puesto sin desmerecer a sus prestigiosos antecesores. El saxo Bobby Keys es otro de los que llevan un cuarto de siglo con ellos, tuvo momento de lucimiento en Can' t You Hear Me Knockin' y demostró por qué hace tanto que reclaman sus servicios sobre las tablas. Y finalmente destacar a la cantante Lisa Fisher, un pedazo de mujer, negraza impresionante y con una voz que merece que su majestad Mick le ceda cierto protagonismo el algunos momentos, especialmente en la interpretación de Gimme Shelter. Si el egomaníaco Jagger le permite situarse en determinados instantes a su mismo nivel, será por algo, ¿no creen?

Por otra parte, qué les voy a decir, esta gira no me ha parecido tan brillante como la anterior. A pesar de que en esta el repertorio está más compensado, hace cuatro años hicieron gala de un sonido más duro, jamás Satisfaction había sonado tan potente, tan sucia. En esta ocasión no siguieron esa senda más, digamos, dura, lo cuál es una pequeña lástima. Quizás se recrearon más en el detalle, esa trompeta de You Can't Always Get What You Want que sonó a gloria, esos duelos de protagonismo Mick vs. Keith, Mick de nuevo recuperando su harmónica, el inicio casi a pelo, tan sólo con los cuatro Stones, más el bajista Darryll Jones (muy competente, un poco funky) y Chuck Leavell.

Por lo demás, es de agradecer que toda la parafernalia escénica no llegara a esconder nunca lo que ocurría en el escenario, ni a robar ningún tipo de protagonismo de un grupo ya por encima de muchas cosas. Ya eternos, creadores de posturas bastante extremas (o se les ama, o se les odia por no haberlo dejado hace 20 años), siempre brillantes, no deja de ser una suerte que sigan ahí.

Gobo -  24.03.2005