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Riders on the storm

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Razzmatazz 1 (Barcelona), 21.abril.2006

No se puede negar que esta especie de "reunión" alrededor de los Doors tiene no poco de esperpento por mucho que la interpretación de los clásicos sea más que correcta. Estos Riders On The Storm que se han sacado de la manga Krieger y, sobretodo, ese pedazo de charlatán que es Ray Manzarek son de una profesionalidad intachable sobre las tablas y de una competencia más que probada. Podemos seguir apuntando que los clásicos de los Doors no fueron desmerecidos en ningún momento y que todo salió bajo el guión previsto. Y es que ese guión incluye algunos de los temas más representativos de la historia del rock y fueron destacada banda sonora de una época especialmente brillante en la cultura pop, casi con total seguridad la que más.

Capítulo aparte merece Ian Astbury en este fregado. Sin entrar a valorar el gusto por su carrera hay que reconocerle una trayectoria sólida con los ahora reactivados The Cult y precisamente por contar con una carrera larga y una personalidad más que definida choca verle como un auténtico "impersonator" de Jim Morrison época LA Woman. El caso es que el hombre representó el papel que le tocaba en suerte como un auténtico profesional del ramo de la imitación y la interpretación, niquelado le quedó su Rey Lagarto (aunque físicamente el hombre está más cerca de Maradona que de Morrison).

Apenas añadió toques propios y casi ninguno de sus gorgoritos hardrockeros salió a flote en favor de la perfecta imitación de los registros barítonos. Tuvo incluso momentos donde se dirigió al público con minidiscursos que igual tenían sentido hace 40 años ("Everybody's special!!" bramaba tras reconducirse una situación de riesgo con un tarado que subió al escenario) pero que ahora revientan los máximos niveles permitidos de vergüenza ajena. Aunque la inmensa mayoría del público se entregó a la ceremonia.

Y siguiendo con la vergüenza ajena, qué se puede decir de Ray Manzarek en ese apartado... Ahí lo teníamos enseñando su camiseta del Barça para jolgorio de la culerada presente o cuando pidió disculpas por la intervención en Irak (¿todavía estamos con eso tres años después? Habría que castigar a Bush por crímenes contra el decoro de los músicos) tratando de dar un sentido a un recital
como el suyo. Tal y como se ha cansado de repetir "en los tiempos duros que corren la música de los Doors sigue siendo necesaria". La música de los Doors es necesaria sean los tiempos duros o fofos, de la misma manera que, sean como sean esos tiempos, Manzarek conserva una jeta como un piano de cola. En momentos como el relatado, la decisión de Densmore no participando de esto, y hasta boicoteándolo, se revela necesaria.

Volviendo a lo musical, cuando dejaron las patochadas y el verbeneo el grupo sonó bien. El sustituto de Krieger, quien parece que se hallaba indispuesto, cumplió con decoro aún sonando más rockero que en los discos y menos blues, si bien no sé como enfocaría Krieger su labor esa misma noche de haber tocado él. El batería también era más netamente rockero de lo que lo era Densmore con lo que el grupo sonó más ruidoso pero menos oscuro y sicodélico de lo imaginable. Las puertas se abrían a grandes y pequeños.

El repertorio... pues imagínense. Faltaron muchos clásicos pero abrieron con "Roadhouse Blues" y le fueron siguiendo "Break On Through", "Love Me Two Times" (fantástica interpretación), "Moonlight Shine", "When The Music's Over", "Five To One", la inevitable "Spanish Caravan", "LA Woman" (lo mejor de la noche de largo), "Backdoor Man", "Alabama Song", "Riders On The Storm" o la totémica "Light My Fire" con un Manzarek metidísimo en su papel y sonando de miedo. Aunque dejó cierto mal sabor de boca que no cerraran con "The End".

A pesar de todos los debes y teniendo en cuenta que esto no es más que puro espectáculo a mayor beneficio de los involucrados, el resultado es aprovechable por profesional y se hace ameno. Lo que no quita para que una banda con cuatro tipos anónimos y competentes te calque ese repertorio y vivas exactamente las mismas emociones que las que proporcionaron Manzarek, Astbury y compañía.

Chris Peterson -  8.05.2006