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Raging Slab

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

KGB (Barcelona), 14.septiembre.2002

La banda de Greg Strzempka son unos tipos entrañables. Llevan toda una vida sobre los escenarios y jamás llegarán a lo más alto de las listas de ventas, pero ¿qué más da? Nunca estuvieron destinados a vender un millón de copias, pero eso importa bien poco con obras capitales como Raging Slab (1990), Dynamite Monster Boogie Concert (1993) o el explosivo The Dealer (2001), discos que pueden figurar sin problemas en la lista de los mejores LPs de rock publicados en las últimas décadas. Raging Slab son unos músicos que no atienden a modas ni a clichés y que parecen ganar con los años.

Presentando su aún caliente Pronounced Eat Shit (2002), Raging Slab llegaban finalmente a nuestras tierras tras la cancelación de su tour europeo del pasado año (blame it on Bin Laden!), dispuestos a hacernos pasar una velada memorable con su particular apuesta.

Los Slab son un extraño engendro sobre las tablas. Por un lado, la base rítmica de Alec (el bajista con pintas de gigoló cockrocker) y el hiperactivo Rob (un auténtico animal a la batería con una técnica impresionante) es realmente sólida y no deja lugar a fisuras. Por otro, los líderes naturales de la banda, Greg y Elyse, son la otra cara de la moneda, versión positiva. Imprevisibilidad al poder. Más de uno hubiera jurado que el concierto se iba al infierno en más de una ocasión con la parejita, pero todo quedó en un espejismo.

Elyse (aunque parezca lo contrario) es la cabeza fría del grupo, y mantiene la situación mostrándose sobria a su slide (a pesar de que acabara desmelenándose con el micro en las manos), mientras que al otro lado de la balanza, el bueno de Greg, a pesar de su más que aparente alcoholismo, hace gala de una lucidez extrema a la guitarra y ejecutó una retahila de solos que resultaron toda una delicia. Aún así, más de una vez pudo olerse algún que otro momento de tensión entre ellos, que afortunadamente acababa por resolverse con una cerveza y una versión de sus grupos favoritos.

Un concierto que empieza Dog Gone jamás puede ser un mal concierto. Especialmente, si a eso le sumas trallazos como Weatherman, Hell Yawns (de su nuevo LP), Shinny Mama o la siempre fantástica Anywhere But Here y te basas en algunos de los mejores temas de su mejor trabajo (The Dealer), del que rescataron, entre otras, Too Bad, Flap Your Boogie Flap o la energética Sir Lord Ford, junto a su cover de Black Oak Arkansas. Y hablando de versiones, hubieron de todo tipo. Desde ignotas interpretaciones de temas de Lynyrd Skynyrd hasta piezas de Montrose (Rock Candy) o Creedence Clearwater Revival (Born On The Bayou). Añádele un buen puñado de solos, autenticidad y buen feeling, y tendrás una de las veladas más especiales del año.

Southern Rock y Boogie Roll para parar un tren, con pinceladas de Black Sabbath e incluso Frank Zappa... todo en Raging Slab es imprevisible. Todo salvo su apuesta en directo, de una solidez tan incontestable que no sólo se fundamenta en la riqueza de sus influencias, sino en la labor de unos tipos que viven por y para la carretera y hacen de cada noche un recital de buen rock sin pautas ni límites estilísticos. Una gozada, vaya. Quienes estuvísteis ahí ya sabeis a lo que me refiero.

Gore AD -  22.03.2005