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Monster Magnet

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Razzmatazz 2 (Barcelona), 5.abril.2004

Por fin llegó, y no decepcionó en absoluto, el cartel hardrockero del año. Así como ya se sabía del buen hacer de Gluecifer (no son los Stones, ni siquiera Dictators, pero cumplen) apenas se manejaban datos de los teloneros de los teloneros: The Quill. Unos suecos (una vez más) que a poco que la volátil prensa inglesa le dé por ahí y tras el follón de los saltarines Darkness podrían tener su oportunidad. Más jevis que las melenas al viento (rollo "solo de guitarra en acantilado con zozobra"), The Quill mostraron tablas y la gran baza de su cantante, un tipo que llega a tonos altos sin excesivos problemas siendo quizás, junto a la solidez que muestran en escena y a unos temas con capacidad de enganchar lo más destacado de la banda.

Lograron hacer mover la cabeza de parte de la parroquia (en ese tipo de headbanging a cámara lenta, por la pesadez de los ritmos) y volver a casa con la sensación de haber aprovechado la oportunidad brindada. A mi me sonaron como unos Soundgarden más clasicotes y garrulos, con un cantante más cercano a Ronnie James Dio que a los modelos de Cornell (Plant y, en menor medida, Ozzy ¡¡¡aunque lo negara!!!).

Después llegaron Gluecifer y se marcaron un buen set basado en su último y disfrutable disco: Automatic Thrill. La verdad, sin ser unos genios (vamos, ni en coña), han juntado unos cuantos riffs y estribillos de esos que funcionan mucho mejor en directo que en la cadena casera y así fueron cayendo temas como el que da título al disco mencionado, la coreadísima A Call From The Other Side, Shakin' So Bad o Here Come The Pigs entre otras, ahora bien, cuando lograron mayor respuesta es cuando tocaron los "hits" de discos precedentes como I Got A War, Get The Horn, Bossheaded (su gran momento de la noche) o esa Easy Living con la que cerraron (una canción -puro Appetite For Destruction- del probablemente infravalorado Basement Apes).

Buen trabajo, como siempre, de Raldo Useless para mayor lucimiento de Captain Poon (vaya "alias"...) y del inefable Biff Malibú (otro sobrenombre que tiene telita). Su misión era calentar el ambiente para recibir a los Magnet y se puede decir que lo lograron con creces.

Vamos con lo serio ya de una vez. Miren, aquí el que escribe es mucho más fan de sus tres primeros discos que de la senda que tomaron a partir de Powertrip. Ello no quita para que disfrute como un poseso con dicho disco, probablemente el más redondo a nivel de composiciones, pero siento mayor apego al hard sicodélico, drogadicto e hijoputa de la trilogía Spine Of God, Superjudge y Dopes To Infinity. Una vez aclaradas las posiciones, qué puedo decir yo de un tipo que logra que saquemos la quinceañera (del infierno, por supuesto) que llevamos dentro haciéndonos corear ese ESTRIBILLO DEL AÑO que tiene Supercruel, que dejemos claro a grito pelado que no vamos a volver a currar en la vida por que los dioses nos han dicho que nos lo tomemos con calma (sabiendo perfectamente que al día siguiente tocarán diana a la hora señalada) en esa indescriptible Powertrip o que nos cuela esa Zodiac Lung...

Nada más escucharse el inicio del riff de Bummer, las primeras filas se convirtieron en un amasijo de camisetas negras y peludos donde dos intrépidos rifferos casi provocan una reyerta con un par de vacilones jevirulos de la vieja escuela (¡¡¿alguien dijo guerra de bandas?!!, ¡¡¡vuelven los 80!!!). Volviendo a lo que había sobre el escenario, cuando Monster Magnet (o mejor dicho, Dave Wyndorf) decidieron virar hacia un hard rock más directo (cuero incluído) y les vimos pasar en la gira de Powertrip del 99, ya sabíamos que Ed Mundell, desgraciadamente, no iba a tener el protagonismo que merece, que su directo del pasado lunes 5 de abril sería calculadísimo (esas plataformas para lucimiento de los diferentes músicos, el ventilador -!!!-) pero afortunadamente son también brillantes en eso.

La sucesión de temas de la primera parte del chou no dio respiro dando preferencia a Powertrip y Monolithic Baby. Cuando presencias un final que cuenta con Negasonic Teenage Warhead y Space Lord y tras haber disfrutado de picoteos como Dinosaur Vacuum (¡¡ahí les quería ver!!), donde intercalaron su versión del Brainstorm de Hawkwind, junto a temas como Tractor o Melt no puedes pedir mucho más (aunque se dejaron muchísimas canciones en el tintero...).

Y llegamos al bis y con él la polémica. Tras una correcta interpretación de The Right Stuff (al grito de "Do You Wanna Space Rock!!!!!") nos endilgaron una versión de casi media hora de Spine Of God que tiene su aquel. Y lo tiene, por que tras habernos convencido de que ahora eran una banda de hardrock muchos de sus fans más "heavys" tuvieron que soportar una rallada del 15 con los Stooges de la 2ª cara del Funhouse asomando el careto (salvando las distancias). Tras una ceremonia testosterónica de pura extroversión con la sucesión de hits, Wyndorf & co. abordaban Spine Of God desde un punto de vista casi autista (exagerando...) hasta que llegaban al estribillo del tema que pronto cortaban. No lo voy a negar, se excedieron cosa mala por que la sicodelia es algo más que la repetición de acordes, la melodía arrastrada y mucha reverb aliñándolo todo. Pero hubieron detalles como el breve fraseo del American Pie de Don Mc Lean (impactantemente engarzado con el estribillo) o ese destrozo genialmente innecesario (y premeditadísimo) de una pobre guitarra que no tuvo presunción de inocencia.

El reemplazo de la base rítmica no ha sido especialmente traumática, el nuevo batería cumple con las exigencias de la reorientación que en los últimos años ha experimentado el grupo y no se puede decir que Jon Kleiman fuera un genio de las baquetas con lo que la nostalgia no tiene mucha cabida en este caso. El nuevo bajista tampoco provoca ninguna sensación de "todo tiempo pasado fue mejor". Por otro lado, el carisma de Wyndorf tapa muchas de las fisuras que se puedan percibir. Este hombre es un coloso en escena, un auténtico entertainer que tiene muy clara su misión y no es otra que hacerte olvidar cualquier cosa ajena a lo que sucede encima del escenario (problemas, rutina diaria, el coste de una entrada... lo que sea). Wyndorf hace de la evasión casi un arte y es, cuanto menos, reconfortante verle disfrutar encima del escenario, dejándose la piel, viviendo sus propias canciones como si fuera la última vez que las fuera a cantar y siempre arriesgando más que en el alarido anterior.

Por encima de cualquier consideración, sobre el escenario estaban Monster Magnet, en un muy buen momento y dándolo todo.

Chris Peterson -  24.03.2005