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Mark Lanegan

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Bikini (Barcelona), 7.diciembre.2003

Mark Lanegan Band nos regaló ayer lo más parecido que podemos imaginar a un concierto de Screaming Trees. Los que echaban de menos la vena rockera del cantante de Ellensburg disfrutaron seguro más que en ninguna de sus dos anteriores e inolvidables visitas. Lanegan vino a Barcelona sin Mike Johnson, quien tampoco ha intervenido en su nuevo trabajo. Sin Johnson se pierde al guitarrista de las mil filigranas con la acústica, al gris y al mismo tiempo gigantesco acompañante de Lanegan. A cambio la formación de esta Mark Lanegan Band estaba liderada por las guitarras metálicas de Troy Van Leuwen (A Perfect Circle, Queens Of The Stone Age) y Bret Netson (Built To Spill). Éste último ya giró con Mark en 2001 y volvió de nuevo a mostrarse en su salsa creando atmósferas saturadas y ruidosas.

Con estos dos elementos en escena el set list del show se centró en los temas del reciente EP Here Comes That Weird Chill y en hasta 4 o 5 canciones aún inéditas de las que disfrutaremos (porque tienen muy buena pinta) en su inminente nuevo LP, Bubblegum. Las nuevas canciones se apartan del lúgubre y melancólico repertorio más antiguo, manteniendo la fuerza e intensidad de ese material pero con mayor energía positiva y decibelios. Pero no sólo sonaron temas nuevos. Las infalibles Pendulum, The River Rise y Borracho del magistral Whiskey For The Holy Ghost. Sus clásicos más cercanos de Field Songs. Esos "medleys" que ningún otro artista hace en la actualidad mezclando Because Of This con Hotel, She Done Too Much con The River Rise...

La banda al completo, y Troy en especial cumplió de sobras, aunque se echó de menos a Johnson cuando Van Leuwen interpretó Mockingbirds a pelo con una guitarra acústica junto a Lanegan. Fue el único recuerdo del desgraciadamente olvidado The Winding Sheet.

Y de Lanegan, ¿qué puedo decir? Actuó casi a oscuras, casi siempre con los ojos cerrados, empalmando con fluidez un tema tras otro y un cigarrillo tras otro, con esa voz tan profunda y sobrenatural. Apenas abría sus ojos para dar las gracias al público lacónicamente, en inglés. Como novedad le vimos sonreir (una media sonrisa, tampoco os creais) justo al final del concierto, cuando el escenario y la platea eran una fiesta donde sonaban Cinnamon Girl de Neil Young y Sun Arise de Alice Cooper. Lo más grande que he visto en mucho tiempo.

Noventa minutos perfectos. Como su discografía. Perfecta. A este hombre no le hace falta dejarse el pelo a lo afro, ni hacer espamos ni abdominales sobre un escenario, ni mostrar más tatuajes que las cuatro estrellas que tiene dibujadas en sus dedos, sujetando con fuerza el micro mientras permanece hiératico todo el concierto al frente de su banda. Mark Lanegan está mucho más allá de todo eso. Mark Lanegan es Dios.

Nekén -  25.03.2005