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Frank Black

<Esta crónica ha sido extraida de la web www.riff-fanzine.com>

 

Bikini (Barcelona), 29.octubre.2003

Hace 15 años, Black Francis y su banda marcaban la pauta a seguir del rock mal llamado independiente. Cuando se hartó de esa historia (y de Kim Deal) se rebautizó como Frank Black y empezó a sacar discos que lo colocaban justo en el pelotón de perseguidores de su propia leyenda. Su carrera no acababa de gozar del beneplácito crítico, dio un golpe en la mesa y cambió el rumbo. Desde entonces Frank Black no marca pauta que valga ni chupa rueda de nadie, simplemente coge pico y pala y se fabrica su propio camino.

El tipo ha ido sacando discos que han gozado siempre de la aceptación de un público fijo que le permite salir de gira y editar discos cuando le apetece (y a Black le apetece con asiduidad). Y el concierto de la sala Bikini fue un reflejo de eso, ya casi no toca material anterior a Frank Black & The Catholics (ayer ni siquiera cayó Headache) centrándose en la segunda parte de su carrera.

Mr Black parece que en los últimos tiempos está jodido. Salió a escena sin ganas de sentirse cómplice con la audiencia y con unas gafas de sol que le colocaban entre Matrix y un subcampeón de torneo de waterpolo aficionado pero con un repertorio que va ganando en solidez. Hizo su trabajo y punto. Mejor cuando se lo montan en plan Crazy Horse que cuando envía las postales desde el Joshuah Tree, para mi gusto. Así con temas como All My Ghosts, la potentísima I Need Peace (muchísimo mejor que en disco), el buen rollo de Robert Onion, Black Letter Day (de lo mejor de la noche) o Bullet logró convencer a un público entregado de antemano.

Las versiones de los Pixies, desde que se decidió a recuperarlas, son un punto siempre esperado. Cayeron Caribou (qué puedo decir...) y Cactus. Ambas perfectas revisitaciones. Lamentablemente, la ausencia de bises nos privó, probablemente, de Where Is My Mind? (y casi seguro también de Headache, todo hay que decirlo). La verdad es que no pude evitar preguntarme cómo pueden sonar esos temas si finalmente los Pixies se reunen. Lo verdaderamente cierto es que, a pesar de los pesares, deseo esa puta reunión con todas mis fuerzas. Mención especial merece su guitarrista/pianista (más que nada por la labor guitarrera) un tipo con pinta de chiste, y prestancia guitarrera primorosa, que es el alma de los Catholics.

Aún tocando palos clásicos de la cultura musical americana, Black deja huella indeleble en los mismos. No puedes decir que sea una réplica más de los Stones de principios de los 70 o exagerar sus deudas con Bob Dylan (o, aunque menos, con Lou Reed y, claro, Tom Waits). Y es que a Frank Black le sigue quemando por dentro el espíritu del Black Francis más histriónico, lo cual, sabiamente combinado con su, relativamente, nueva y más clásica dirección, lejos de acabar en pastiche, da resultados interesantes (y la inspiración en la composición está ahí).

A mi no me parece que haga obras maestras (mi visión respecto a su trabajo en solitario es bastante objetiva), pero su carrera es de una coherencia que espanta y sus directos, profesionalísimos y trabajados. Le había visto un par de veces con anterioridad. El del 96 me pareció bastante ramplón y con los Catholics lo vi en la gira de presentación de Pistolero y creo que aquel superó sólo un poco al de esta última visita (me lo perdí en la que seguramente fuera su mejor actuación en BCN, por diversos testimonios).

Quizás su distanciamiento respecto a la gente sea la clave para mi elección. Aún y así... los Catholics aúnan potencia y control. Mr Black, un placer.

Chris Peterson -  25.03.2005